Las entidades de la plataforma Pobreza Cero-Justicia Global advierten que el riesgo de fractura social se acentúa

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Las más de 3.000 organizaciones de la plataforma Pobreza Cero-Justicia Global, entre las cuales las miembros de ECAS, como es el caso de Surt, reclaman «un nuevo contrato social para combatir las desigualdades» en un manifiesto publicado en motivo del día internacional para la erradicación de la pobreza.

Lo reproducimos:

Mañana día 17 de octubre se celebra el Día internacional para la erradicación de la pobreza. Un año más de reivindicación para garantizar el derecho a la igualdad de oportunidades, a la cobertura de las necesidades más básicas, a la no exclusión por razones económicas, etc. Este año, pero, la jornada llega fuertemente marcada por un contexto de pandemia mundial causado por la expansión de la covid-19 que ha afectado todos los territorios y mantiene el mundo en una situación de alerta y gran incertidumbre.

El año pasado desde la plataforma Pobreza Cero-Justicia Global ya poníamos de manifiesto la necesidad de reflexionar sobre un nuevo contrato social y la actual crisis evidencia que es urgente aplicar una mirada colectiva y global para dar respuesta a las necesidades sociales y de sostenibilidad medioambiental. El número de muertes atribuidas a la covid-19 no es superior a las causadas por otros males –insalubridad del medio ambiente, hambre, accidentes de tráfico u otras enfermedades– pero la simultaneidad y rapidez con la que nos llegó la nueva amenaza y el carácter generalizado con el que nos afectó -a pesar de que no a todos del mismo modo, ni el virus propiamente ni las medidas adoptadas para contenerlo- han marcado un punto de inflexión. La comunidad planetaria se ha hecho patente y nos ha recordado que no la formamos sólo la especie humana, sino también -y de manera muy relevante justamente en esta crisis- el medio ambiente y todas las otras especies y formas de vida que lo habitan. Nuestro comportamiento afecta de manera determinante al equilibrio de los ecosistemas, de su diversidad, de los organismos y del espacio donde viven.

Las consecuencias del modelo socioeconómico capitalista, depredador con la naturaleza, lucrativo e individualista, se han hecho todavía más evidentes. La covid-19 ha trastornado por completo nuestras vidas, pero sobre todo ha puesto de relevo y ha acentuado problemas que ya conocíamos y habíamos vivido en situaciones de crisis anteriores. Más que cambiar el mundo, la covid y la emergencia social que de la pandemia se deriva han agravado los males que ya sufríamos, las patologías previas. De entrada, no nos han afectado a todas por igual. La fortaleza o precariedad de los sistemas sanitarios y de protección social de cada país han condicionado la capacidad de respuesta y gestión de las necesidades emergentes; y dentro de cada país, el nivel socioeconómico y los recursos de cada cual -económicos, materiales, culturales, relacionales…- han determinado también la magnitud de las consecuencias. La respuesta de los gobiernos ha sido dispar e insolidaria y se ha puesto de manifiesto, también, la urgencia de mejorar la governanza mundial con instituciones creíbles y capaces de coordinar respuestas globales. Si no hacemos los cambios radicales y estructurales que hacen falta, las previsiones catastróficas de los diferentes organismos internacionales las acabaremos pagando las de siempre: clases trabajadoras y, sobre todo, colectivos en situación de mayor vulnerabilidad.

La crisis del coronavirus, en definitiva, ha hecho más imperiosa y urgente la necesitado de articular un nuevo contrato social a escala planetaria que haga efectivos los Derechos Humanos e instaure una nueva relación de la especie humana con la tierra y sus ecosistemas. Hoy, la crisis sanitaria, económica y social provocada por el coronavirus ha demostrado los terribles efectos de la desigualdad. Las personas en situación de vulnerabilidad han sufrido más riesgo de contagio, tienen menos posibilidades de supervivencia en caso de desarrollar la enfermedad y están sufriendo de forma más dura las consecuencias del confinamiento. Los hogares con menos ingresos, con una mayor exposición al contagio, han perdido en mayor medida el trabajo y los ingresos, demostrando una vez más que las desigualdades no son inocuas; bien al contrario, producen una distribución inequitativa de los riesgos y se manifiestan de forma nítida en todos los ámbitos de la vida de las personas, como por ejemplo la salud, la vivienda, el trabajo o la educación.

Ahora más que nunca, desde la plataforma Pobreza Cero – Justicia Global creemos que hay que repensar nuestro estilo de vida y redefinir los principios por los cuales nos regimos, poniendo en valor los derechos y las libertades de las personas, la participación y la corresponsabilidad ciudadana en la governza para armonizar el crecimiento en democracia. Y, por todo esto, instamos a todos los agentes sociales, políticos, económicos y medioambientales a:

1. Combatir la precariedad laboral y la pobreza
2. Reforzar el acceso universal a servicios públicos de calidad
3. Avanzar hacia la justicia fiscal y combatir la corrupción en todos los ámbitos de la administración

4. Combatir los factores que afectan los equilibrios planetarios, entre ellos el cambio
climático, y promover la sostenibilidad
5. Garantizar los derechos de toda la ciudadanía y combatir la xenofobia, el machismo y los
discursos de odio

El riesgo de fractura social se acentúa y la cohesión y la convivencia se ven gravemente amenazadas. No queremos una «nueva normalidad», nos hace falta una nueva sociedad. Tenemos la responsabilidad de promover y hacer efectivos cambios profundos y radicales que instauren un nuevo orden social, económico y político basado en el respecto a los derechos de las personas y de la naturaleza. Para hacerlo posible tenemos que reivindicar la política como herramienta colectiva al servicio y al alcance de la ciudadanía, porque sólo con corresponsabilidad y cooperación entre la misma ciudadanía podremos hablar de un nuevo pacto social verdaderamente democrático.

Garantizar los derechos básicos es el primer paso para no dejar nadie atrás. Se tiene que velar por el conjunto de la población, dando cobertura a todo el mundo que vive en nuestra casa. Es una cuestión de justicia social y global. El nuevo paradigma tiene que superar el asistencialismo y poner a las personas y la sostenibilidad de la vida y del planeta en el centro, dando valor a aquello que importa para nuestro bienestar y para la cohesión social. Necesitamos una ciudadanía empoderada y participativa, que contribuya como sujeto de derechos y obligaciones al bien común y a la construcción de UN NUEVO CONTRATO SOCIAL, ¡YA!

 

También en el marco del 17 de octubre, la Mesa del Tercer Sector ha lanzado la campaña «Rompamos el círculo de la pobreza», para denunciar que la covid-19 entiende de desigualdades y que las personas más empobrecidas son las que tienen más riesgo de contagio.

 

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