Servicio de Familias Colaboradoras: «Somos los tíos enrollados»

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El Servicio de Familias Colaboradoras (SFC) es un banco de familias solidarias que se ofrecen para atender de forma temporal y puntual (máximo 6 meses) a niños y niñas de familias con dificultades económicas o de salud, que no disponen de red social en la ciudad de Barcelona. Las familias colaboradoras echan una mano durante unas horas a familias demandantes que lo necesitan, como podrían ser monomarentales, y contribuyen a la conciliación del tiempo de éstas. Las voluntarias ofrecen al niño una atención personalizada, incorporándolo a sus dinámicas habituales, previo consenso con la familia solicitante, ya sea entre semana o en fin de semana.

«Las familias colaboradoras son de proximidad, del mismo barrio que las demandantes, y los ratos que comparten son complementarias a las rutinas semanales del niño», según Mayca Velasco, coordinadora del servicio gestionado por la Fundació Surt. Velasco matiza que se distingue de la acogida porque no se hace una sustitución de madre y/o padre, y del canguro, ya que es la familia solicitante la que se encarga de llevar y recoger a la criatura a casa de la familia colaboradora.

Actualmente 85 familias forman parte de la bolsa de colaboradoras y tienen perfiles diversos: con o sin hijo/as; personas mayores; etc. Maria José Torres y Davide Tarabella son una pareja del Raval que colabora con el SFC. Hasta ahora han colaborado algunos fines de semana durante tres meses a un niño de casi 3 años y durante seis meses, a otro de 4 años.

¿Qué os motivó a participar en el Servicio de Familias Colaboradoras?

M. J. Torres: Somos pareja desde hace 8 años. Después de perder un hijo quisimos ayudar, desde el voluntariado, a niños que lo necesitaran. Nos enteramos de que existía el SFC en la web de Surt. Lo que nos motiva es ayudar a personas a tener un día a día más fácil, especialmente a mujeres solas que necesitan ese apoyo porque no cuentan con red por el motivo que sea. Siendo voluntarias ayudamos a dos personas: a la madre y al niño.

D. Tarabella: Ambos somos personas activistas. Yo he trabajado bastantes años en el sector educativo y ya estoy acostumbrado a estar con niños. Después de la entrevista con el SFC, fue muy natural el proceso de bienvenida de los dos niños que hemos acogido hasta ahora.

¿Cómo vivís la llegada del niño a casa?

D. Tarabella: El niño o niña se incorpora a nuestro día y pactamos las actividades y comidas con la familia solicitante. Si viene en fin de semana, por ejemplo, el domingo hacemos pollo con patatas fritas y vamos al parque. Nos tomamos el tiempo de recreo de forma que sea divertido tanto por nosotros como por el pequeño.

M. J. Torres: Al principio de cada nueva colaboración puede ocurrir que la criatura se queda llorando cuando el familiar nos la deja en casa. También entendemos que las madres –en nuestro caso- dudan de si están haciendo bien; dejar a tu criatura en manos de personas extrañas, da miedo, es normal. A medida que el niño va cogiendo confianza, vuelve contento y con ganas de pasar ratos con nosotros. Y mi madre también se queda tranquila.

«No somos padres pero vivimos esta experiencia con alegría y cuidado«.

¿Qué os aporta ser familia colaboradora?

M. J. Torres: Nosotros aprendemos mucho con los niños: hacemos recetas de cocina, vemos capítulos de la Patrulla Canina, etc. Con el primer niño que vino hicimos vínculo, pese a compartir pocos meses porque los horarios de la madre cambiaron. Nos hubiera gustado estar más tiempo, pero hay que entender que las circunstancias pueden variar. Y con el segundo, con el que llevamos medio año, ahora renovamos el compromiso por más meses. Ambas partes estamos contentas y agradecidas por lo que hemos hablado con las familias demandantes. A mí me llena de alegría.

D. Tarabella: Los fines de semana a mí me gusta relajarme, sinceramente. Pero el momento de tener al niño en casa lo disfruto al máximo, también. Como a Marijo, me aporta alegría, juego y aventura. Estamos en acción: hacemos un taller de pizza, realizamos actividades en el exterior… Además, es una responsabilidad. Hay que tener mil ojos en la calle, estar alerta en la ciudad, que no se haga daño. Me doy cuenta de que los adultos tenemos mucho que aprender de los niños. Tienen una mirada del mundo diferente que hace que dejes de lado preocupaciones mundanas. No somos padres pero vivimos esta experiencia con alegría y cuidado.

M. J. Torres: ¡Somos los tíos enrollados! (risa) Al fin y al cabo, para nosotros es una fiesta y para él, también.

¿Por qué recomendaríais entrar en la bolsa del SFC?

M. J. Torres: Para mí es una experiencia enriquecedora. Hice de voluntaria durante siete años acompañando a gente mayor en una asociación y ahora vivir ratos con niños me da vida. Cuando tengo al niño, estoy contenta, aunque después esté agotada (risa). Y además, ayudar a otras mujeres, ayudarnos mutuamente, ¡es chapeau! Se puede animar a la gente single también, que los parques están llenos de padres y madres para hacer amistades.

D. Tarabella: He estado ayudando durante años a adolescentes con problemas de inserción social en el Raval. Si tienes tiempo y voluntad para ofrecerlo a otros, lo recomendaría. Se trata de hacer clic, salir de una voluntad más egoica y abrirte a conectar con otras personas.

Más información: sfc@bcn.cat o 93 291 59 67

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